19 septiembre 2010

Roadie #42 - Nuestro hombre infiltrado está de vuelta.

Oh si, debería haber mencionado que nos íbamos a ir por nuestras vacaciones de verano…
Pero hoy, como miles de niños que han sido alejados de sus Xboxes ( o sus tablas de surf) hemos vuelto al colegio. Interesante y un tanto predecible, hemos pasado los últimos diez días preparando el estudio para lo que pensamos seria nuestra primera lección- solo tener todo listo para la primera hora de la banda en el edificio.
La respuesta natural es por supuesto, los gestos de desaprobación y gimoteo de cómo mover postes, pero ya hemos aprendido que esto es simplemente como funciona el proceso creativo. La banda está intentando, después de todo, para crear algo de la nada. Así que la planificación de la ruta es más que nada solo conjeturas. Y a medida que las cosas se van desarrollando, todo se vuelve más claro.


Esto, por supuesto, es fácil de escribir varios días después de que ha ocurrido, tanto más fácil por una buena dosis de saludables gestos de desaprobación y maldiciones que ayudó a suavizar la transición.

Luego de muchas discusiones y freneticos arreglos en el estudio, la tarde comienza con la banda sentada en un circulo tocando juntos. El resultado es muy especial.


Recuerdo que hace mucho tiempo con un amigo que conducía su auto a mucha velicidad no me resultaba muy impresionante. Él dijo “ No es como Los Picapiedras, donde te das la velocidad con tus propios pies”. En cierto modo, hacer un "gran sonido" en la música puede ser lo mismo. Puede ser un triunfo de la maquinaria, cuando todo lo que está haciendo el conductor es presionar el pie en un pedal.


Aquí y ahora, el “gran sonido” es algo lejano, ya que la banda esta lo mas cercano al silencio posible, mientras siguen tocando música. Como resultado, es lo menos parecido a ver a un piloto de carreras y más como ser testigos de un acto en la cuerda floja. Todos equilibrándose y balanceándose, siempre con la posibilidad siempre de que todo podría ir al desplomarse en cualquier momento.

Todo continua en la habitación. Hago un click en mi laptop y recibo un gesto de desaprobación del co-productor Rik Simpson. Se ha vuelto como uno de esos momentos en que te da un poco de miedo de exhalar para no reventar la burbuja o no romper el hechizo.

Nuestra primera semana continúa exactamente de esta misma manera. “El plan” se convierte en un pinball, rebotando en diferentes puntos de entusiasmo, a intervalos peligrosamente regulares. Con toda honestidad, no tendría sentido que tratara de explicarles que estamos haciendo ahora. Por el momento vamos a mitad de camino de algún lugar.


Aunque un paseo por el infierno…

R#42

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